miércoles, 8 de junio de 2011

Sois la vergüenza del feminismo

Provengo de una familia de apellido vasco. Mi madre, mi padre, mis tías y tíos, mis abuelas y abuelos eran o son todos de Logroño (bueno, salvo mi abuela Paquita de padre riojano y nacida en Buenos Aires). Como descendiente de la cuna de Castilla (en euskara "casa fuerte" se dice Gaztelu, o "casa de piedra"; de donde surge la palabra 'castillo'), sé perfectamente que en el país vasco las mujeres tienen un carácter muy fuerte y que allí mandan "ellas" hasta tal punto de que los hombres se reúnen en sus txokos no por evitar la entrada a las mujeres, sino por tener un sitio particular donde hablar sus cosas sin ellas.

Desde pequeño mi madre me enseñó que no había diferencias entre un hombre y una mujer a la hora de hacer las cosas, incluso que las mujeres tenían más capacidad que los hombres al poder hacer tres o cuatro cosas a la vez y no tener tiempo para cansarse -cosa que me han demostrado muy buenas amigas una y otra vez, sobre todo cuando se han convertido en madres-, y que salvo en trabajos de fuerza, todos éramos igual de capaces.

Así que en mi casa de pequeño pasé el polvo, la mopa, el aspirador y limpié baños desde los 5 años hasta que me fui de ella -para pasar a ser un "hombre de mi sexo y condición" en la mía propia y tener que asumir su limpieza con mayor o menor fortuna-, al igual que mis dos hermanos. La que menos lo hizo, casualmente, mi hermana; pero para eso ya estábamos los experimentados.

Contaros que en los trabajos que he tenido de periodista un hombre y una mujer cobraban lo mismo si tenían la misma categoría. Cierto es que los cargos solían ser hombres, pero es que las mujeres habían llegado al periodismo unos años después que los hombres y los ascensos se hacían antes por años y experiencia. Al final de mi carrera periodística, en el 2009, tenía una directora por encima y una subdirectora a mi lado.

Sin embargo, cuando fui asesor político en un Gabinete de Prensa, con las mismas atribuciones cobraba un 20% más que yo la mujer que también hacía el mismo trabajo. Tenía mucho que ver que trabajabamos en distintas administraciones, pero yo jamás me quejé por ello.

Sabed que para mí, lo que les pasaba a mi madre y mis abuelas, que fueran legalmente inferiores hasta tal punto de tener que llevar el permiso escrito de sus maridos para viajar o abrir una cuenta corriente; lo que les pasó a mis bisabuelas, que no podían votar al no ser consideradas igual que un hombre; lo que les ha pasado a mis amigas, que no podían en su adolescencia tener libertad sexual plena y sin que las llamaran de todo ¡sus propias abuelas y madres! es algo que me resultó muy molesto. Hoy los tiempos han ido cambiando en muchas cosas y esto parece que se ha olvidado.

¿Olvidado? No. No porque hoy en día existe un neofeminismo militante que hace mucho daño al trabajo de nuestras madres. Asociaciones supuestamente feministas pidiendo que se prohíba el topless y el naturismo en playas de Cádiz basándose en una supuesta agresión visual o uso monetario del cuerpo de la mujer. Discotecas denunciadas por inocentes juegos adolescentes de subastas con dinero del monopoly que son multadas cuando la puja es por chicas y no por cuando es por chicos. Furibundos ataques contra los calendarios de las azafatas de una línea aérea y grandes aplausos por los de los bomberos. Noticias que hablan de medias sobre que las mujeres ganan menos que los hombres y que olvidan que deberían hablar de modas -es decir, qué es lo que ganan por cada puesto de trabajo igual al hombre y no hacer una cuenta general que pervierte la realidad-, con lo que se perpetúa un supuesto agravio comparativo del que, por supuesto, tenemos toda la culpa los hombres olvidando que existen mujeres empresarias y jefas de recursos humanos que evitan contratar mujeres no vaya a ser que se queden embarazadas.

El caso es que yo he percibido en mi casa que lo importante era la capacidad personal, no el sexo que tenía la persona. Pero eso sí, siempre he sido consecuente con la realidad, que hombres y mujeres no somos iguales fisiológicamente y psicológicamente... porque lo físico impone realidades distintas. En lo intelectual, seguro que hay miles o millones de mujeres mejores que muchos hombres, y viceversa. Dicen que la teoría de la Relatividad en realidad no es de Einstein, sino de su primera mujer, Mileva Maric, pero que como ella no pudo convalidar sus estudios de matemáticas se la quedó el misógino de Einstein (bueno, así era la vida entonces, contra eso luchaban nuestras abuelas y madres).

Neofeminismo: imponiendo en vez de sugerir
Pero que en la actualidad tenga que soportar que las feministas de hoy en día, las que tienen menos años que yo fundamentalmente -aquellas que no han vivido la presión que suponía ser mujer incluso en los años 80 cuando yo era adolescente-, imponer un lenguaje para controlar el pensamiento, las palabras, las obras y las omisiones de la sociedad me resulta cuando menos chocante.

Hace diez años leí en la redacción del periódico en el que trabajaba un manual contra el lenguaje sexista. Observé cosas curiosas y tomé algunas sugerencias como buenas, intentando solventar aquellas cuestiones en que me parecía correcto usar, por ejemplo, el nombre en femenino de algunas profesiones. Al igual que algunos oficios en masculino provenían de palabras en femenino, lo lógico es que aquellas profesiones que no sonaban mal se pudieran escribir en femenino. Así que "arquitecta", "ingeniera", "abogada", "veterinaria" y otras muchas más -entre ellas "jueza", aunque a mucha gente no le gusta- entraron en mi vocabulario profesional. Sin embargo, otras no cuajaron por su sonido cacofónico, o lo que es peor, porque me parecían despectivas. Así edila, alguacila y demás similares -con la excepción de concejala, aunque tampoco es que me guste demasiado- creo que se identifican en femenino perfectamente con su artículo determinante (la concejal, la edil, la alguacil); pero, sumado a la propuesta de la profesión en femenino y de la que uno no se puede librar (la concejala, la edila, la alguacila), pueden ser usadas casi para el insulto.

Pero eso es una opción mía, ya que en aquellos manuales se sugería. Y es importante esta palabra. Sugerir. Pero las cosas de unos años a esta parte han cambiado. Se pretende imponer un lenguaje desde la política de ideología que a mí, y a muchas otras personas, resulta molesto. Y de aquellos polvos, estos lodos. Según la teoría del lenguaje machista, deberíamos cambiar todas las profesiones a femenino y masculino... y lo que es peor, las neutras también. ¿Entonces yo era periodisto? Hay muchos ejemplos de ridiculeces. O aquello de ciudadanos y ciudadanas... rompiendo la economía del lenguaje en utilizar un sólo término para definir un conjunto, o, lo que es peor, la proscripción de ciertas palabras como estudiante por no ser claramente femeninas (y poner alumno o alumna según convenga en cada diploma). Y todo esto, desde algunas administraciones públicas dominadas por una ideología. Los autoritarismos son los más dados a imponer lenguajes estrictos, en los que algunas palabras se proscriben para conseguir una visión de la realidad más cercana a los intereses de la nomenclatura. Es lo que hoy la psicología llama PNL, o Programación Neuro Lingüística. O lo que yo pienso: la proscripción de un pensamiento libre expresado con las palabras que cualquier ciudadano quiera utilizar.

No entraré en la circunstancia de que hoy existe en España una ley, declarada constitucional en el colmo del surrealismo, que hace que los hombres sean inferiores a la mujer en ciertas circunstancias. Eso es una historia aparte. Pero lo que sí me parece vergonzoso es la actitud que algunas neofeministas han tomado en la Acampada de Sol aprovechando las asambleas surgidas del movimiento Democracia Real Ya del 15M. Es indignante ver cómo algunas mujeres se dedican a ir como "comisarias de la verdad" reclamando un lenguaje "no machista". Imponiendo de forma intolerante, no sugiriendo, como antaño se hacía.

Y lo peor de todo no es eso, no. Es que cuando la gente se ha revuelto ante tamaña desfachatez contra la libertad de expresión individual y les ha mandado a freir espárragos con cajas destempladas, o les ha hecho ver lo absurdo de algunas de sus propuestas o su propia intolerancia, estas neofeministas se han atrevido a denunciar "agresiones sexuales en la Acampada Sol" (atención a los comentarios, que son casi lo mejor), cosa que han tenido que negar -en un excelente ejemplo de cuán torticeramente usan el lenguaje para sus propios fines publicitarios o que no saben usarlo de forma correcta- al día siguiente.

En realidad lo que parece haber ocurrido, según cuentan algunos presentes allí como Antonio Maestre o el filólogo Alberto Casarrubios (ojo al cartel del "machista" Ghandi en esta entrada), es que la gente se hartó de tanta injerencia en el lenguaje de los comunicados y les enmendó la plana. No les sentó bien... y jugaron con el fuego del orgullo herido para quemarse totalmente. Sin pensar en el perjuicio que supone al movimiento.

Ejemplos hay muchos, que una bronca monumental de un jefe a un hombre -o una crítica despiadada- se considere algo normal y que si es a una mujer pueda ser una "agresión sexual"; pero que cuando sea una jefa sólo sea una reprimenda de trabajo en las dos cuestiones indica que algo no está bien. ¿Dónde está la proclamada igualdad? Siempre que sea del lado femenino es igualitario, pero si es del masculino... digamos que "se supone que debe aguantarse". Descompensando no se consigue la igualdad.

Y utilizando tácticas de comisaría política, corrigiendo todos los comunicados para que estos sean más femeninos, o femeninos completamente como ha terminado pasando, se observa que ya no hay sugerencia sino imposición e intolerancia. Y por ese camino no se llega más que a la vergüenza y a la reacción, como se ha demostrado una y otra vez en la Historia. Y lo peor es que se pierden fuerzas en la verdadera lucha feminista, que hoy en día se debería centrar en las situaciones terribles que viven día a día las mujeres musulmanas, las rumanas, las latinas, las de otras etnias y las extranjeras que provienen de países en los que los hombres ni entienden ni quieren comprender que no hay distinción entre la capacidad intelectual o habilidad manufacturera de las personas sean hombres o mujeres.

Con esta actitud de las neofeministas que han querido tomar un protagonismo egoísta en el movimiento de las acampadas, que muchas mujeres no es que compartan sino que lo denostan, estamos otra vez olvidándonos del objetivo concreto del feminismo: que las mujeres vivan con dignidad sean de cualquier país o religión.

Y me da igual que me llamen, ya se verá en los comentarios, fascista, neopatriarcalista o machista. Yo sé muy bien que el hombre que ejerce violencia física contra la mujer es muy poco hombre y un cobarde. Y también que el revanchismo intolerante neofeminista es una vergüenza para el feminismo de verdad, porque emula los comportamientos tan negativos que el patriarcado (que sólo tiene 10.000 años, de los millones que lleva la raza humana en la tierra, cuando se regía por el matriarcado) ha introducido en las sociedades menos evolucionadas: como el odio, el egoísmo, la sumisión esclavista y la imposición violenta.

Y esas cuatro actitudes, provengan de un hombre o una mujer, es lo que hace daño a las personas independientemente de su fisiología sexual. Y no digamos a los movimientos que quieren mejorar la sociedad. Estáis contribuyendo a hundir con vuestro egoísmo y odio algo muy bonito. Menos mal que todavía hay gente con sentido común que no os hará caso cuando impongáis esas actitudes.

22 comentarios:

Caminín dijo...

Amén. A ver si ahora no puedo yo enseñar las tetas en la playa porque me diga una retrógrada dsifrazada de feminista que así fomento el machismo.

Por cierto, que digo yo que ¿ahora entonces machistAs son las mujerAs, y los hombrOs son machistOs? Cuánta tontería hay por el mundo, en serio... ah, ¡no! que como lo dice una mujerA es en seriA.

Anónimo dijo...

¿A qué llamas egoísmo y odio??
En este maravilloso país en el que tú vives y en el que tus compañeras cobran más que tú por hacer el mismo trabajo, yo, he tenido que tragar con acosos sexuales, sueldos inferiores, bullying y todo tipo de lindezas por querer subir en una profesión que es tradicionalmente masculina.
Así que perdona, pero yo decidiré cuáles son mis reivindicaciones feministas, y si hay machismo o no en este país, no necesito que vengas tú a negarlo, que ya lo veo yo solita con mis ojos y lo sufro en mis carnes.

Si de verdad eres una persona abierta a la igualdad, te animo a que te informes más y hables con más mujeres, porque lo único que apoyas así es que las cosas sigan como están, y todavía hay mucho machismo.

Anónimo dijo...

Bueno, creo que no se puede cargar contra el feminismo por unas cuantas impresiones particulares sobre un grupo que se autodenomina como tal.....
En realidad es como si llamamos pederastas a todos los curas porque algunos lo sean, o corruptos a todos los políticos, o violenta a toda la gente que acude a un partido de fútbol....
El feminismo del que hablas es uno de tantos, igual que hay muchos fascismos y muchos comunismos, pero no podemos meter todo en el mismo saco.
Aunque se que no es ni mucho menos tu intención, estos mismos argumentos los dan ciertos medios para desprestigiar por ejemplo al movimiento ecologista, basándose en un reducidísimo grupo que se dedica a liberar bisones y sinceramente no creo que ecologismo sea eso, igual que el feminismo no es lo pueden pretender ciertas "neofemistas" como tu las llamas.

Caminín dijo...

AnónimA, creo que nadie ha negado que hay machismo, se critica al feminismo sin sentido que reivindica tonterías como panes de grandes en vez de lo que realmente importa.

The blogolist dijo...

Qué triste Anónima (supongo) que no pongas tu nombre al contestar a esta entrada.

El problema de los que funcionan con dogmas (como están "trabajando" muchas neofeministas) es que suponen que los demás no nos informamos ni hablamos con mujeres. Yerras por completo, la mayoría de la gente que tengo cerca son mujeres trabajadoras tanto de niveles ejecutivos altos, empresarias, sindicalistas y trabajadoras normalitas.

Y el 99% está hasta la bola de ciertas actitudes impositivas. Tú puedes decidir cuáles son tus reivindicaciones feministas (eso no lo niego en NINGÚN MOMENTO) en mi entrada. Yo NO HE NEGADO que haya machismo (incluso insinúo, y ahora digo claramente, que lo hay, y mucho, entre las propias mujeres).

Lo que digo es que utilizáis recursos que no sólo complican el respeto entre las personas de distintos sexos sino que minan el feminismo real.

Así que dime dónde digo yo donde niego nada y dónde te censuro que debas decidir cuáles son tus reivindicaciones. Sólo hago una crítica a una actitud que me parece vergönzosa: imposición en vez de sugerencia. Fuerza en vez de seducción. ¿Ves cómo intentáis retorcer las cosas?

Ah, y por cierto, yo he cobrado menos que otros (y otras, que en este caso sí viene bien indicarlo) asumiendo más responsabilidades, he sufrido acoso laboral en un alto cargo, me ha atacado sin lindeza alguna una mujer para eliminarme en una empresa (y los jefes, hombres, de paso), y he trabajado en una profesión femenina y he sufrido también humillaciones de jefas cuando tocaba porque creían que lo había hecho mal.

Y no me he quejado más que a mi círculo cercano y he creído siempre que eran cosas del trabajo. Cosas que veo que no aceptáis por el mero hecho de que "es tradicionalmente masculina". Ajo y agua, a aguantarse como todos y a asumir que dentro de unos años, si lo haces bien y sabes moverte dentro de la estructura de las empresas, es posible que estés arriba.

Y, por último: ¿Por criticar que uséis la imposición de un lenguaje absurdo que no gusta ni a la mayoría de las mujeres estoy apoyando que las cosas sigan como están? Haztelo mirar, anda.

The blogolist dijo...

A la segunda anónima (me hubiera gustado que pusieras tu nombre, yo en mi blog lo tengo para que me vean de cara).

No he cargado contra el feminismo. Creo que lo dejo bien claro. Sino contra una forma de hacer feminismo que perjudica al real. Ese neofeminismo comisarial que se queda en cosas vanas y no en las necesarias.

El lenguaje NO puede ser el caballo de batalla del feminismo. No ahora que hay tantas y tantas cosas por hacer por muchas mujeres en situaciones MUY graves entre las familias que provienen de fuera o que están muy influidas por la religión.

Ivan dijo...

En cuanto al comentario anterior, no creo que se hay negado la existencia del machismo, que en cierta medida y lamentablemente sigue existiendo, pero muchas mujeres no se dan cuenta que su bien llamado feminismo es igual de pernicioso que este. Porque no se basa en la igualdad, se basa en el favorecimiento sin mas de la mujer. ¿Porque yo en una empresa se me puede imponer contratar al mismo numero de mujeres que de hombres, o tenerlos en un consejo de administracion? Seleccionaré a los mas formados! sean todos hombres o todas mujeres!
LLevo 12 años trabajando. Nunca ninguna compañera mia de trabajo ha tenido una retribucion inferior a la que yo tengo ocupando el mismo puesto.Y mi opinion es que si una mujer esta mejor formada que un hombre,y yo le asciendo a el,no soy machista, lo que soy es gilipollas

Ana dijo...

Como demostración de que hombres y mujeres somos iguales tenemos este surgimiento del "hembrismo" o lo que el autor de la entrada llama "neofeminismo". Prueba fehaciente de que hombres y mujeres podemos llegar a ser igual de gilipollas.

Esta tendencia a enfrentar a los dos sexos como si fueramos enemigos irreconciliables me pone los pelos de punta. La lucha para la igualdad plena de la mujer respecto al hombre es otra, necesita de otros mecanismos y herramientas. No es degradando al hombre, reduciendolo al papel de malo, como se va a conseguir esa igualdad.

Y la manipulación y deformación del lenguaje es la cosas mas necia e inculta que he visto en mi vida. Cuando dicen eso de ciudadanos y ciudadanas como si me dijeran "si bonita, tu también estás incluida" es de bofetada. Que digan eso de "presidenta" es de una ignorancia gramatical supina. Y así todo.

En serio, hembristas, no se a vosotras pero a mi los hombres (algunos) me encantan, y no quisiera verlos degradados, insultados y discriminados en pro de una supuesta igualdad.

¿Que hay mucho trabajo por hacer hasta llegar a la igualdad? Si, desde luego, pero ese no es el camino.

Anónimo dijo...

Primero, te agradezco la lectura del comentario y la respuesta, aunque no esté de acuerdo.
He firmado como anónima porque no me deja iniciar sesión en Wordpress, así de sencillo. Además, como todavía no he insultado a nadie no sé por qué me echas en cara que no me identifique.
Que tú hayas sufrido en una profesión tradicionalmente femenina, eso, es machismo también. Que hay acosos que sufrimos todos en el trabajo, es cierto; que es muchísimo menos probable si eres hombre que te amenacen con echarte si no te acuestas con el jefe, etc, también es verdad. Por lo tanto, no es válido tu argumento de que tú has sufrido, porque yo he sufrido lo mismo que tú, más la parte que me toca por ser mujer de propina.
¿Fuerza en vez de seducción?! A ti si te pisotean y vulneran tus derechos, ¿te dedicas a sugerir?? Defender con convicción aquello que se cree justo no es imponer nada (basta un vistazo al diccionario para verlo). Además, todo eso no está reñido con el respeto, y el buen entendimiento entre sexos.
Sólo en una cosa estoy de acuerdo contigo, en que hay muchísima mujer machista por ahí...no me extraña que alguien con mi postura te parezca algo poco común. Además, pienso que tus circunstancias no son para nada la media de la población española, y deberías tenerlo en cuenta: ¿vives rodeado de mujeres directivas? pues qué bien, pero no es lo normal.
Lo del tema del lenguaje, te tengo que decir que no creo que sea causa común de todas las feministas, pero sí es cierto que hace años la gente razonable como tú se escandalizaba al oír la palabra doctora..a mi no me parece un tema importante, creo que primero es cambiar el mundo y el lenguaje cambiará después. Por otro lado, tiene gracia que sea alguien del mundo del periodismo quien critique un mal uso del lenguaje, cuando sólo hay que leer alguno de los periódicos de tirada nacional para llevarse las manos a la cabeza con las barbaridades que escriben...¿eso no te preocupa? porque a mi me parece más grave eso que cuatro desconocidas quieran oficializar la palabra concejala.
Además, creo que no me equivoco si digo que al 99,999999% de las feministas se la sopla y ni han oído hablar de los temas que aquí pones de relieve, como la historieta de los topless, etc. Usar una excepción para calificar un movimiento suena a parcialidad, igual que tu post, en mi humilde opinión, claro.
Respuestas a:
ANONIMA1

HMAR dijo...

Habla una mujer. Sí hay machismo. Sí, por parte de mujeres y hombres. Y sí, se están sacando las cosas de quicio.

Hoy en día, en muchos casos (sobre todo en política) se está inclinando la balanza a favor de la mujer para parecer progresista o no parecer machista. Esto en muchos casos lleva a medidas del todo absurdas. Tales medidas, en lugar de ser equitativas, son, desde mi punto de vista, condescendientes con las mujeres, lo que en todo caso nos denigra.

"Y la manipulación y deformación del lenguaje es la cosas mas necia e inculta que he visto en mi vida." Cuanta razón tienes, Ana.

Y hay otras cosas. Como formar una plantilla de trabajo con número igual de hombre y mujeres, en lugar de seleccionarla por capacidades y aptitudes; o hacer un seguro de automóvil más barato para mujeres.

Vergonzoso. Como vergonzoso es también que a mí, mujer, me llamen machista por defender la igualdad y no "aprovecharme" de esas condiciones ventajosas (sólo en algunos casos las hay, repito)que se nos dan a las mujeres "porque sí".

Jessica dijo...

Coincido en muchas cosas de las que han planteado, aunque en otras no.

Ciertamente es necesario atender a esa posibilidad (muy palpable, y no sólo en España -yo no soy de allí-) de que el feminismo, al volverse radical, termine convirtiéndose en esa suerte de "hembrismo" como la han llamado aquí. No sólo no tiene sentido sino que es estúpido cambiar una discriminación por otra, por lo que coincido en que no se debe buscar reivindicaciones "feministas" pisoteando a los hombres en una suerte de revancha o venganza histórica.

También coincido en que no tiene sentido exigir que se cambie el uso de palabras que son neutrales (como estudiante). Pero sí creo importante la lucha por reivindicaciones en el campo del lenguaje, pues el lenguaje no es inocente, y no creo que haya que sentarse de brazos cruzados a esperar que la sociedad entera cambie y mil años después cambie el lenguaje. El lenguaje es nuestro filtro para entender el mundo y expresarnos en él, así que los cambios en el lenguaje cambian también mentalidades y cosmovisiones.

Ahora bien, en lo que no coincido (del todo) es en la negación total que se hace en algunos comentarios de las medidas que buscan incluir cuotas o participación de mujeres en ciertos ámbitos. Sí creo que esas medidas muchas veces se usan mal, y que hay casos donde su uso termina siendo una mera muestra de machismo (como el ejemplo que cita HMAR del seguro de automóvil más barato para mujeres, eso es ridículo); pero también creo que hay casos en que se justifica su uso. Por ejemplo, en muchos países donde se sigue viendo la política como un ejercicio reservado a hombres, resulta prácticamente imposible para mujeres políticas ser candidatas si no existieran las cuotas.

Claro está que el problema que ha surgido es que muchas veces se interpretan esas medidas como una obligación de que sean 50% mujeres y 50% hombres así sin más. A mí también me molesta profundamente cuando alguien dice que fulana de tal debería ser electa en tal o cual cargo sólo porque es mujer, eso también es ridículo. Pero no creo que por esos casos (que, me parece, no son los más frecuentes) se deba desacreditar toda medida que busque abrir la posibilidad de inclusión de mujeres en campos que tradicionalmente se consideran masculinos.

Anónimo dijo...

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